La misión arquitectónica, en este caso, era invisibilizar la propia arquitectura.
Y así fue.
De hecho, “La Colina frente a la Cañada“, construida a 25 km de la ciudad de Morelia, en el estado de Michoacàn (Mexico), está literalmente inmersa en la naturaleza.
Diseñada y construida por HW Studio con la ayuda del ingeniero Antonio Rangel, a pesar del estilo brutalista, la construcción es casi imperceptible desde el exterior.
Escondida y envuelta por la tierra y la vegetación, rodeada de árboles, casi una cueva moderna, la casa responde de la forma más completa posible a la solicitud del cliente.

El cliente quería un refugio en el bosque para desconectar de la ciudad”, explica Rogelio Vallejo Bores de HW Studio.

LA COLINA FRENTE A LA CAÑADA: UNA REALIZACIÓN DE HW STUDIO

Un pedido tomado de forma literal por los diseñadores, que imaginaron la tierra elevándose como una sábana para cubrir y proteger este refugio, del que luego expulsaron al máximo el mundo exterior: ni televisión, ni internet, luces y neveras ocultas.

Estamos en un lugar sin tiempo“, enfatiza Bores.

“Era importante”, explica en el video, “que ni siquiera se pudiese percebir la arquitectura de la casa y que, solo en cierto punto del camino, se empezase a vislumbrar algo que insinúe la presencia de una estructura”.

El pasillo que también esconde la entrada entre dos muros es estrecho, se accede por una escalera y enfatiza la buscada soledad.
El interior es sin duda “minimal”: pocos muebles, colores suaves, madera para equilibrar el frío del concreto desnudo, acero para la chimenea, la puerta y la mesa.
Materiales y colores, por tanto, también reducidos al mínimo, para acentuar la idea de esencialidad.

UN TOQUE ORIENTAL BUSCANDO ARMONÍA Y MEDITACIÓN

Un minimalismo con una clara impronta oriental, “marca registrada” de HW Studio.
Nacido en 2010, el estudio nació con la intención de unir Oriente y Occidente en el arte y la filosofía, en busca de la paz, la meditación y la armonía.
El mismo nombre, aclaran en su página web, nació “de la unión de la letra H; que en castellano se considera la letra muda, es decir, la representación gráfica del silencio; y la W que deriva del concepto japonés Wabi Sabi; un concepto que no tiene traducción al español, ni equivalencia directa con ningún concepto occidental pero que podría entenderse como la belleza de lo impermanente ”.

No es casualidad que Roges se refiera a la casa transformada, en el futuro, en una ruina.
De lo imperceptible a lo invisible, completamente devuelto a la tierra, material para la futura arqueología.
Un elogio, por tanto, a lo que acaba, a un ciclo de nacimiento y fin, en oposición al antropocentrismo arquitectónico, una oda a la sostenibilidad, a no dejar rastro.

“Si el bosque hubiera sido nuestro cliente”, continúa Roges, “¿cómo le gustaría que lo tratáramos? Entonces decidimos no faltarle el respeto. El mismo camino que conduce de Morelia al sitio, nos proporcionó la principal sugerencia: la arquitectura tenía que ser tan sutil como para no perturbar la inmersión en la naturaleza. El bosque sigue siendo el rey “.

Con una superficie de 250 m2, la casa da directamente al exterior a través de dos ventanas laterales que facilitan la integración entre el interior y el exterior.
Por un lado la zona de estar, frente al bosque, por el otro lado la zona de dormitorio que da a un patio para dar mayor intimidad.

“LA ARQUITECTURA TENÍA QUE SER EL ACENTO EN LAS PALABRAS DEL POEMA, NO EL POEMA”

La arquitectura“, explica HW Studio, “debía ser en este caso el acento en las palabras del poema, la coma, o en todo caso algún signo de interrogación, pero jamás debía ser el poema en sí. El poema ya estaba dado por los pinos, encinos, huizaches, las luciérnagas, el camino, la cerca, la pileta de agua del vecino, la tierra, la huerta y el ruiseñor. Los acentos en el poema fueron cuatro muros de concreto que emergían sorpresivamente del paisaje; dos de ellos contienen la tierra de esta nueva colina que se generó al levantar la sábana y otros dos que enmarcan el acceso y escoltan al huésped durante su camino hacia el interior de la casa. “.

La poesía, después de todo, es sencillez.

Emmanuel Raffaele Maraziti

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