En la antigüedad, los lugares también tenían alma propia.
Todo lo que pasaba en un sitio se quedaba ‘grabado’ en su memoria, dándole una especie de energía particular y única.
Por eso, entre los antiguos romanos, existía el culto al “genius loci”: un espíritu de los lugares que da la idea de cómo, lejos del materialismo moderno, incluso la geografía era ‘cosa viva’ y sagrada.

Este concepto, heredado del pasado, también se ha recuperado parcialmente en la arquitectura, donde el diseño de un espacio o un edificio sigue el estudio del entorno y de su identidad. De esta forma, lo que volverá a surgir será conforme al “espíritu” de ese lugar y encajará perfectamente en el contexto.

El estilo industrial, por tanto, nace del mismo deseo de no olvidar el pasado de un lugar, respetarlo y convivir con él.
Aunque no hablemos explícitamente de espiritualidad y lugares sagrados, este estilo revela una visión para la que los lugares, en cierto sentido, también tienen alma.

ESTILO INDUSTRIAL: ENTRE VINTAGE Y MODERNO

Así, con un enfoque totalmente basado en la recuperación y la readaptación, quizás incluso un poco ‘radical chic’, en la década de 1950, el estilo industrial nació de forma espontanea en Nueva York.

Depósitos, almacenes, laboratorios, talleres, fábricas y almacenes abandonados encontraron una nueva vida transformándose en hogares.
La misma tendencia se expresaría más tarde también en el ámbito comercial y cultural, con la recuperación de áreas enteras abandonadas. Un ejemplo es la calle Tortona en Milán, donde ahora tiene lugar la Semana del Diseño y la Semana de la Moda.

Si el auténtico estilo industrial se basó, por tanto, en la recuperación de espacios abandonados, está claro que hoy en día muy a menudo encontramos este estilo en forma de imitación: hablamos de la readaptación de espacios claramente distintos de los ‘lofts’ clásicos en los que vivieron artistas, escritores y arquitectos originariamente.
Por otro lado, el nacimiento del estilo industrial también es interesante desde el punto de vista de la arqueología industrial e histórico, ya que narra el desarrollo de la producción y, especialmente en los últimos años, también revela un fenómeno masivo de desindustrialización.

LOS ELEMENTOS TIPICOS: COLOR GRIS Y MATERIALES EXPUESTOS

Ahora que hemos contextualizado el estilo industrial, es el momento de explicar sus características y, por supuesto, ya es superfluo subrayar que el propio espacio contribuye en gran medida al resultado y la originalidad del proyecto.

Es por ello que el arquitecto Antonio di Maro explica en primer lugar que lo característico de este estilo son los grandes espacios sin divisiones internas, con una “estructura portante en vista […] formada por pilares de hormigón armado, o, más frecuentemente, por pequeñas columnas en hierro fundido”.
En vista también quedan vigas de madera o acero, tuberías, sistemas, ladrillos y luego, en el interior, es muy común el uso de entrepisos, a los que se accede por escaleras de hierro y en los que encontramos áreas de estudio, oficinas y ‘área noche’.

Los suelos son generalmente “de resina industrial o de hormigón pulido”, mientras que “los marcos de aluminio suelen tener un escaneado cuadrangular con partes fijas y que se pueden abrir alternadas”.
Se tratta de elementos que corren el riesgo de “enfriar” el ambiente, por lo tanto equilibrado por el uso de madera, cobre y elementos de decoración en colores más cálidos.

Entonces, típicos del estilo industrial son las superficies rugosas, la exposición de materiales (resistentes y robustos), tornillos, soldaduras, rayones, herrumbre, madera en bruto, en una combinación de vintage y moderno al mismo tiempo.
Para el salon son muy utilizados sofás de cuero de estilo vintage, estufas y muebles de hierro fundido como viejos relojes y maquinaria, muebles recuperados y estanterías, quizás en color negro antracita, alfombras de yute.
De toda manera, el gris suele ser el color predominante, combinado con beige, blanco y negro.
En cualquier caso, se evitan los colores brillantes, que dan una apariencia demasiado “nueva” al entorno.
Es por ello que el aporte de luz natural a través de grandes ventanales se vuelve imprescindible para aligerar el ambiente, junto con lámparas y focos (con cables expuestos).

Resumiendo, como señala Casa Moderna, obviamente este no es un estilo que vaya bien con “fotos familiares enmarcadas en plata, cuadros antiguos, muebles clásicos color nogal y aparadores Luis XVI, mucho menos se adapta a quienes no pueden hacer sin la asepticidad de una bonita encimera de acero inoxidable, el orden de una bonita cocina ‘minimalista’ o el sobrio diseño de un bonito adorno cromado”.

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