Teletrabajar cómodamente desde tu propio piso, sin necesidad de salir, coger bus, metro o coche, de cruzar tráfico, multitudes y ruidos es un sueño para muchas personas.
Pero ¿cuánto nos hace bien? Y sobre todo ¿cuanto es de cómodo nuestro piso?

A pesar de las situaciones individuales, el reciente confinamiento a causa de la pandemia sin duda ha puesto estos temas y las perspectivas de desarrollo futuro del teletrabajo en el centro de atención de todo el mundo, afectando principalmente a las tendencias en el sector inmobiliario.

¿QUÉ NECESITAMOS PARA SER FELICES?

Por cuanto nos guste Netflix y el sofá, la relajación de trabajar por nuestra cuenta y de sentirnos más libres, estar encerrados tarde o temprano nos agobia o nos daña.
No somos máquinas y, por cuanto nos gustaría evitar algunas de las molestias y del estrés provocados por nuestra rutina, estar rodeados de gente, movernos, salir a la calle, respirar el aire, ver árboles y montañas o el mar es algo imprescindible para el ser humano.

Necesitamos activar nuestro cuerpo, cansarnos, juntarnos con gente y compartir cosas, o sea estar vivos. Bien sabemos que la libertad absoluta no existe, que el compromiso es necesario y fructuoso, pero tampoco podemos vivir felices esposados, confinados, encerrados, sufriendo excesivas restricciones, reglas y limitaciones. Buscamos continuamente un equilibrio entre la libertad y el vivir en la sociedad, entre la soledad y la compañía, la calma y el caos, el descanso y la creación, cuidarnos y cuidar, las comodidades y la naturaleza.

¿ESTAMOS BIEN EN NUESTRO PISO?

Es por eso que, después de haber experimentado este confinamiento durante meses, muchas personas y familias se dieron cuenta del valor real de su propio piso para lograr este equilibrio, de lo que necesitan para no sufrir la permanencia (necesaria o voluntaria) entre las paredes domésticas y para sacar de eso el mejor resultado.

Un espacio de trabajo cómodo, práctico y relajante, posiblemente con vista, un salón bien equipado para compartir tiempo y actividades con aquellos con los que convives, una terraza o un jardín donde entrenarse, tomar el aire, relajarse, meditar, contemplar la naturaleza o el paisaje: estos son los elementos que hacen la diferencia.

Los que se han encontrado viviendo esta experiencia en un estudio o piso pequeño, claustrofóbico, sin vista, con pocas ventanas, sin balcón o terraza, se han justamente vuelto locos.
Otros, al revés, gracias al piso o a la casa donde vivían, han podido disfrutar del confinamiento, mirando su mejor cara: la posibilidad de una pausa del estrés y del trabajo, disponiendo de un tiempo útil para dedicarlo a sí mismo.

NUEVAS TENDENCIAS EN UNA FASE DE TRANSICIÓN

Claramente, otro elemento esencial ha jugado un papel importante: la situación económica en la que cada uno se encontró en ese momento.

Se trata en realidad de dos temas que en la mayoría de los casos coinciden: cuantos más recursos, más cómoda y espaciosa es la vivienda. Por eso tendencialmente el confinamiento ha sido también psicológicamente más duro para la gente con menos recursos, sobre todo en la ciudades más grandes y más caras.

En las ciudades como Madrid, Londres, Roma, Milán y París, normalmente, el coste de una vivienda no tiene comparacion con el de un pueblo o una ciudad más pequeña así que, en estas ciudades, las diferencias de recursos han amplificado aún más las diferencias en la calidad de la vida.

Al contrario, como decíamos, en los pueblos y en las ciudades más pequeñas, donde no es imposible disponer de una casa rodeada de un jardín, de una terraza o de un piso más grande a un buen precio, estas diferencias se notaron menos o, por lo menos, hubo más excepciones.

En pocas palabras, lo que hemos vivido ha cambiado las prioridades de la gente en el mercado inmobiliario y posiblemente cambiará así también las tendencias y los precios.
Alrededor de Roma, por ejemplo, ha crecido un 37% la búsqueda de casas fuera de la ciudad, en la provincia, en los pueblos. Pero bien sabemos que el mercado es algo muy complejo y sobre todo que necesitaremos esperar para evaluar el impacto a larga temporada de las nuevas tendencias.
Si estamos delante del fin de la época de la urbanización o no, todavía es incierto. 

EL PAPEL DE LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El teletrabajo junto con el estudio online que han decidido llevar adelante algunas universidades, podría vaciar las grandes ciudades, perjudicar sus comercios y cambiar así también el sector inmobiliario. En unos meses podríamos encontrarnos frente a una venta masiva de pisos vacíos por huida de estudiantes y trabajadores desde los grandes centros o una bajada de los precios de alquiler.
A eso podría seguir una amplia operación de especulación inmobiliaria por parte de los grupos financieramente más poderosos. Todo dependerá de lo que pase en los próximos meses y es por eso que todavía el mercado está en una fase de observación.

Al mismo tiempo, podrían aumentar los precios en algunos pueblos y periferias y mucho dependerá de las tendencias que se crean respecto a eso pero también del tejido económico de cada sitio: la crisis del turismo (y con ello de los alquileres a corto plazo) podría balancear el posible aumento de los precios en pueblos que viven sobre todo de eso (en la Comunidad Valenciana por ejemplo).

Lo que es cierto es que se ha difundido una nueva conciencia respecto a la calidad de la vivienda y a lo que necesitamos para disfrutar de ella y eso sin duda tendrá consecuencias en el mercado inmobiliario pero también en el del diseño de interiores. Cuando no es posible, conveniente o necesario mudarse, la mejor solución podría ser la de aportar unos retoques al piso o a la casa para que sea más vivible o para que se convierta en una mejor inversión.

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